Ceuta, cuando la frontera dejó de ser una línea

Ceuta, cuando la frontera dejó de ser una línea

ceuta crisis humanitaria

No vivo en Ceuta, pero después de leer los testimonios y analizar lo ocurrido, resulta difícil imaginar  esos días sin preguntarse qué debió sentirse al ver cómo una crisis que parecía lejana entraba literalmente en las calles de la ciudad.

Estaba en las calles, en las playas, en las imágenes de personas empapadas y agotadas. Hombres, mujeres, jóvenes y menores que llegaban sin saber qué iba a ocurrir después.

Imagino el desconcierto de quienes vivían allí. El miedo también. Una ciudad pequeña no puede estar preparada para recibir, en cuestión de horas, a miles de personas.

Pero imagino también algo más difícil de explicar: el momento en que detrás de las cifras empiezas a reconocer personas. Alguien que busca a su familia, otra persona que pide agua, miras a otro lado y encuentras a alguien que simplemente se sienta porque ya no puede caminar. 

Y también hubo solidaridad, mucha más de la que quizá se llegó a contar en las noticias: personas que, en medio del desconcierto, abrieron sus puertas, ofrecieron agua, comida o simplemente estuvieron ahí para ayudar. 

Mientras desde fuera hablamos de Marruecos, España, seguridad, manipulación, mafias, fronteras o política migratoria, ellos están intentando resolver algo mucho más inmediato: qué hacer con las próximas horas de su vida.

Y quizá ahí está una de las grandes preguntas que deja esta crisis.

Una frontera necesita ser gestionada, así como la ciudad necesita seguridad y los Estados necesitan políticas migratorias. Sin embargo, hay una diferencia entre gestionar una frontera y aprender a mirar al ser humano que está detrás de ella como una amenaza.

Quizá desde lejos sea fácil hablar de Ceuta como una frontera. Desde cerca, imagino que debe ser mucho más complicado. Porque al otro lado no hay solamente otro territorio. Hay personas. Y quizá esa sea la imagen que deberíamos conservar cuando las cámaras se marchen y la crisis deje de ocupar los titulares. Sin duda, no para negar la necesidad de fronteras, sino para recordar por qué las necesitamos: para proteger la vida, la convivencia y la dignidad de quienes están a ambos lados.

Puedes apoyar a las personas de Ceuta que se encuentran en un momento de extrema vulnerabilidad.

Reconstruir viviendas, reconstruir esperanza

Reconstruir viviendas, reconstruir esperanza

Entrevista a Liliana Frontela Inclán, coordinadora local del proyecto

Personas en patio de casa humilde y deteriorada

— ¿Cómo avanza el proyecto de reparación de viviendas tras el huracán Melissa?

Va avanzando, y eso ya es mucho decir en el contexto de Cuba hoy. Cuando el huracán Melissa pasó en octubre de 2025, dejó un panorama muy duro: familias con techos caídos, paredes agrietadas, y algunas que lo perdieron absolutamente todo. Con el apoyo de la Fundación Igino Giordani empezamos a acompañar a 23 familias en Santiago de Cuba, Palma Soriano, Holguín y Camagüey.

Hoy, más de la mitad ya tiene los trabajos en marcha, y cuatro casas están completamente terminadas. Se están reparando techos, ventanas, paredes, grietas... y en algunos casos, directamente reconstruyendo desde cero. Cada avance, por pequeño que parezca, representa para una familia poder volver a vivir bajo un techo seguro.

— ¿Qué ha significado acompañar de cerca este proceso?

Mucho más de lo que esperaba, honestamente. Uno llega pensando en materiales, en obras, en plazos... y se encuentra con personas. Con historias que te cambian.

Hay una señora que no voy a olvidar. Lo había perdido todo —su casa quedó completamente destruida— y pasó varios días prácticamente a la intemperie. Cuando fuimos a visitarla, en medio de la conversación nos tomó de las manos y nos dijo: "Para mí es de verdad poder ver cómo Dios no nos abandona. Yo había dado todo por perdido y a través de ustedes Dios me sacó de ese hueco."

— ¿Qué les ha enseñado esta experiencia?

Que no hay que poder con todo para hacer algo que valga la pena. Cuando ves la magnitud de lo que Cuba necesita hoy, es fácil sentirse pequeña, insuficiente. Pero este proyecto nos ha recordado que cada gesto concreto —una pared, un techo, una visita— tiene un peso real en la vida de una persona.

Y también nos ha regalado algo que no esperábamos: recibir. Íbamos a acompañar y ayudar, y terminamos siendo nosotras las acompañadas. En medio de tanta carencia, estas familias nos siguen enseñando que la esperanza no desaparece, que se puede volver a levantar. Una pared a la vez. Una casa a la vez. Una familia a la vez.

EdC y FIG

EdC y FIG

En un contexto global marcado por profundas desigualdades sociales, crisis económicas y desafíos humanos complejos, la colaboración entre entidades que comparten valores se vuelve no solo necesaria, sino decisiva. En este horizonte, la relación entre la Economía de Comunión (EdC) en España y la Fundación Igino Giordani (FIG) se consolida como una alianza estratégica orientada a transformar la realidad desde la fraternidad, la reciprocidad y la cultura del dar.

Red de chinchetas unidas con hilos rojos y negros

La Economía de Comunión, inspirada por Chiara Lubich, continúa promoviendo una visión empresarial centrada en la persona, donde el beneficio no es un fin en sí mismo, sino un medio para generar impacto social, reducir desigualdades y construir comunidad. En este camino, la FIG se presenta como un socio clave para canalizar, concretar y ampliar esta vocación.

Una colaboración estructural al servicio del bien común

La Asociación para una Economía de Comunión en España participa activamente en el Patronato de la Fundación Igino Giordani, fortaleciendo así los vínculos institucionales y abriendo espacios de colaboración más profundos y eficaces. Esta presencia no es meramente formal, sino que se traduce en una implicación directa en la toma de decisiones, el seguimiento de proyectos y la búsqueda conjunta de nuevas iniciativas.

Tal como recoge la memoria 2025, esta colaboración ha permitido avanzar en múltiples dimensiones. Por un lado, se ha trabajado conjuntamente en el desarrollo de herramientas fundamentales para la Fundación, como su presencia digital, contribuyendo a mejorar su capacidad de comunicación y alcance. Por otro, se han movilizado recursos económicos para reforzar proyectos sociales concretos, especialmente aquellos dirigidos a personas en situación de vulnerabilidad .

Impacto social concreto: el Proyecto Chiara Luce

Uno de los ejemplos más significativos de esta colaboración es el apoyo al Proyecto Chiara Luce en Sevilla, una iniciativa que ofrece acogida, acompañamiento e integración sociolaboral a jóvenes inmigrantes en riesgo de exclusión social.

Gracias a la contribución de la Economía de Comunión, ha sido posible reforzar la estructura del proyecto mediante la contratación de un trabajador social que acompaña de forma continua a los beneficiarios. Este elemento resulta clave para garantizar no solo la cobertura de necesidades básicas, sino también un proceso de integración real, basado en la dignidad, el desarrollo personal y la reciprocidad .

El proyecto no se limita a ofrecer asistencia, sino que promueve una verdadera cultura de encuentro: los jóvenes no son solo receptores de ayuda, sino protagonistas de su propio proceso, generando vínculos con la comunidad y contribuyendo activamente a la sociedad que los acoge.

Un ecosistema de comunión y redes colaborativas

Más allá de los proyectos concretos, la alianza entre la EdC y la FIG está contribuyendo a crear un ecosistema de colaboración más amplio, en el que participan empresas, organizaciones sociales y personas comprometidas con una economía más humana.

Las reuniones periódicas, el trabajo conjunto en iniciativas sociales y la apertura a nuevas colaboraciones permiten generar dinámicas de comunión que van más allá de lo económico. Se trata de construir relaciones basadas en la confianza, la corresponsabilidad y la visión compartida de una fraternidad universal.

En este sentido, la FIG no solo actúa como gestora de proyectos, sino como catalizadora de relaciones, facilitando el encuentro entre distintos actores y potenciando el impacto de cada iniciativa.

Mirando al futuro: profundizar la alianza

El camino recorrido en 2025 confirma el potencial transformador de esta colaboración. Sin embargo, también abre nuevas perspectivas: implicar a más empresarios en los proyectos sociales, ampliar el alcance de las iniciativas y seguir innovando en modelos de cooperación que integren economía, comunidad y desarrollo humano integral.

La invitación es clara: seguir construyendo juntos una economía que no deje a nadie atrás, donde la comunión de bienes y talentos se traduzca en oportunidades reales para quienes más lo necesitan.

La alianza entre la Economía de Comunión y la Fundación Igino Giordani es, en definitiva, una expresión concreta de que otra economía no solo es posible, sino que ya está en marcha.

Semana de encuentros por la paz

Semana de encuentros por la paz

Living Peace International, en colaboración con la Fundación Giordani promueven una nueva iniciativa de sensibilización y educación en valores con motivo de la visita de Carlos Palma, Coordinador General de Living Peace International.

Carlos Palma, fundador de Living Peace 2026

Del 7 al 14 de mayo de 2026, distintas ciudades andaluzas acogerán encuentros, talleres y actividades centradas en la construcción de una cultura de paz.

El programa comenzará el jueves 7 de mayo en Lucena (Córdoba), con un encuentro dirigido a 90 profesores coordinadores de las “Escuelas Espacio de Paz” de la provincia. Al día siguiente, en Priego de Córdoba, el alumnado del IES Álvarez Cubero y otros centros participará en talleres como “Elephants for Peace”, fomentando valores de convivencia y solidaridad.

El sábado 9 de mayo, Sevilla será el punto de encuentro de la red Living Peace en España, con una jornada presencial y conexión online abierta a todas las personas interesadas en la promoción de la paz. El domingo, la actividad continuará con la Comunidad de los Focolares y otras comunidades locales en un ambiente de diálogo y fraternidad.

CONEXIÓN MEET | 11:00 A 13:00H

Durante la semana, también se realizarán visitas a centros educativos en Umbrete y Sevilla, incluyendo la presentación del proyecto en el Máster de Educación para el Desarrollo de la Universidad Pablo Olavide, así como la inauguración de un “Dado de la Paz” gigante, símbolo del compromiso con acciones concretas por la paz.

La gira concluirá en Granada los días 13 y 14 de mayo, con encuentros en centros educativos como el Colegio Juan XXIII y Ave María, además de reuniones con la comunidad local y diversas personalidades.

Esta iniciativa refuerza el compromiso de Living Peace y la Fundación Igino Giordani con la educación en valores, promoviendo pequeñas acciones cotidianas que contribuyen a construir un mundo más justo y pacífico.

Ya llegó la providencia

Ya llegó la providencia

Hay historias que no deberían necesitar ser contadas para existir, pero cuando se cuentan, nos recuerdan lo esencial: que la solidaridad no es un gesto, es un puente entre realidades que de otro modo no se tocarían jamás.

Collage de alimentos donados en cajas

El proyecto de Fundación Giordani, conocido como “Proyecto Luis Moreno”, no es solo una iniciativa humanitaria. Es, para muchas familias, una línea invisible que las sostiene cuando todo lo demás falla. Es ese “ya llegó la providencia” que se dice en voz baja, con gratitud, pero también con el peso de quien sabe que sin esa ayuda, la historia podría ser otra.

Cada persona que es beneficiaria del Proyecto Luis Moreno, es una vida concreta atravesada por la precariedad, por la incertidumbre diaria, por decisiones que no deberían existir: comer hoy o guardar para mañana, cocinar con leña o aguantar el hambre, comprar un medicamento o resignarse al dolor. Y, sin embargo, en medio de todo eso, hay algo que no se rompe: la fe y el agradecimiento.

Quienes reciben esos módulos de alimentos no hablan desde la distancia de los números o los informes. Hablan desde la experiencia directa de un país donde la escasez no es noticia, es rutina. Donde la electricidad llega como visitante ocasional. Donde el humo no solo viene de la basura que se quema en las calles, sino también de las cocinas improvisadas que sustituyen lo que ya no existe: gas, estabilidad, normalidad.

“Ustedes lo ven en las noticias, pero no es lo mismo vivirlo aquí”. Esa frase resume una brecha enorme. Porque mientras desde fuera se analizan escenarios, dentro se sobrevive. Mientras se debate el futuro, hay familias que no pueden ni siquiera ver el horizonte.

Y en medio de todo eso, llegan ustedes.

Llegan en forma de alimentos, de apoyo, de constancia. Llegan como una respuesta concreta a una necesidad urgente. No es exageración decir que esa ayuda les salva la vida. Porque cuando el acceso a lo básico desaparece, cualquier gesto sostenido se convierte en supervivencia.

El “Proyecto Luis Moreno” no resuelve todo -sería injusto pedirle eso-, pero transforma lo inmediato: una semana con comida, una noche con algo que llevar a la mesa, un respiro en medio del agotamiento. Y, quizás lo más importante, recuerda a quienes reciben que no están solos.

En tiempos donde la incertidumbre pesa tanto como la escasez, donde las conversaciones sobre el futuro parecen lejanas frente al hambre presente, este tipo de iniciativas devuelven algo fundamental: la dignidad.

No hay forma de pagar ese gesto, dicen quienes lo reciben. Y probablemente sea cierto. Pero tampoco se trata de eso. Se trata de sostener, de acompañar, de seguir tendiendo ese puente invisible que conecta realidades tan distintas.

Porque mientras haya esperanza, mientras haya manos dispuestas a ayudar y otras a recibir con gratitud, todavía queda algo firme en medio de tanta fragilidad.

Un abrazo fuerte -de los que cruzan fronteras- y gracias, una vez más, por hacer que lo imposible, por un momento, sea un poco más llevadero. [Así se despedía uno de los beneficiarios de Cuba].

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