En Madrid, en un encuentro impulsado por el Movimiento de los Focolares con la colaboración de la Fundación Igino Giordani, la rabina argentina Silvina Chemen abordó una de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo: cómo construir paz en un mundo atravesado por conflictos, polarización y discursos de exclusión.
Lejos de teorías o análisis geopolíticos, la conversación con Dolores García, miembro del patronato de la Fundación, se desarrolló como un diálogo abierto, centrado en la experiencia, en la vida concreta y en una pregunta de fondo: qué podemos hacer cada uno de nosotros hoy.
“El diálogo no es una idea: es una experiencia"
—Silvina, hoy se habla mucho de diálogo interreligioso. ¿Qué significa realmente?
—El diálogo no es simplemente intercambiar opiniones ni llevarse bien. Para que exista diálogo de verdad hace falta tiempo, escucha y, sobre todo, conocerse en profundidad. Compartir historias, experiencias, incluso lo que duele.
Lo resume en una expresión que repite a lo largo del encuentro:
“El diálogo de la vida”
—No es un concepto. Es algo que se vive. Y sólo cuando ese encuentro es real, se puede construir algo juntos.
Raíces que construyen puentes
—Tu trayectoria está muy vinculada al diálogo. ¿De dónde nace esa visión?
—De mi historia. Soy nieta de sirios. Crecí viendo a personas de distintas religiones convivir sin necesidad de explicarlo, simplemente porque compartían la vida.
Esa experiencia temprana marca su forma de entender el mundo:
—Lo interreligioso no es un discurso que adopté más tarde. Es una forma de mirar al otro que aprendí viviendo.
Educar para la paz: jóvenes con responsabilidad real
—Trabajas desde hace años en educación y derechos humanos. ¿Qué es clave para educar en la paz hoy?
—Dar protagonismo a los jóvenes. No basta con transmitir valores; hay que confiar en ellos, darles responsabilidades reales.
En el Centro Ana Frank de Argentina, una de sus principales iniciativas, los jóvenes no solo aprenden, sino que enseñan, guían y lideran procesos.
—Necesitamos generar experiencias que construyan sentido. Por eso hablo de:
“Pedagogizar la esperanza”
—La esperanza no se explica, se vive. Y se vive cuando uno siente que puede hacer algo por los demás.
Polarización: el riesgo de simplificar la realidad
—Uno de los grandes problemas actuales es la polarización. ¿Cómo se responde a esa lógica?
—La polarización simplifica todo. Nos hace pensar en términos de “unos contra otros”.
Frente a eso, propone un camino menos cómodo pero necesario:
El pensamiento complejo
—Hay que salir de los discursos rápidos, buscar otras narrativas, escuchar a quien piensa distinto. Incluso a quien consideramos lejano o contrario.
—Porque cuando entiendes al otro, algo cambia, aunque no estés de acuerdo.
Religión y conflicto: desmontar una idea extendida
—Muchas veces se presenta la religión como causa de conflicto…
—Las religiones no generan conflicto por sí mismas. Lo que ocurre es que a veces se utilizan para justificar intereses o posiciones.
Y plantea un reto claro:
Recuperar el sentido del lenguaje religioso
—Ese lenguaje que habla de responsabilidad, fraternidad y cuidado del otro no puede quedar reducido a un instrumento de división.
“Hoy el santuario es la calle”
—¿Cuál es el papel de las religiones en el contexto actual?
—Las religiones no pueden quedarse dentro de sus espacios. Hoy el santuario es la calle.
“La fe se juega fuera”
—Los lugares de culto son importantes, pero la verdadera coherencia se da en la vida cotidiana, en cómo tratamos a los demás, en si somos capaces de estar presentes.
—A veces la paz empieza con algo tan sencillo como preguntar: “¿Cómo estás?”.
Construir paz desde abajo: la diplomacia de las relaciones
—Has hablado de “diplomacia religiosa”. ¿Qué significa en la práctica?
—Significa que muchas veces los procesos más importantes no empiezan en las instituciones, sino en las relaciones entre personas.
La paz se construye desde la base
—Mientras las decisiones se toman en niveles más altos, nosotros podemos generar confianza, encuentro, espacios nuevos.
En esta línea, el trabajo de la Fundación Igino Giordani se inserta en una dimensión clave: formar personas capaces de construir cultura de paz desde su entorno.
La esperanza no es teoría
—En un contexto global tan complejo, ¿cómo sostener la esperanza?
—La esperanza no es una idea abstracta. Es algo que se ve en lo concreto.
—En las comunidades, en los gestos, en la gente que decide implicarse.
—El cambio no empieza en los grandes titulares. Empieza en lo cercano.
“Nadie se salva solo”
—Para quienes ven la paz como algo lejano o irrealizable, ¿qué dirías?
—Que nadie se salva solo.
“O construimos juntos o el conflicto nos alcanza a todos”
—Si quienes creemos en el diálogo no damos un paso adelante, otros ocuparán ese espacio con otras propuestas.
Madrid, punto de encuentro para el diálogo interreligioso
El encuentro celebrado en Madrid, con la participación de la Fundación Igino Giordani, se sitúa en una línea de trabajo cada vez más relevante: promover espacios de diálogo, formación y compromiso social en proyectos de cooperación internacional y educación para la paz.
Una apuesta que conecta con una convicción de fondo que atraviesa toda la entrevista:
La paz no se improvisa: se construye
Y empieza —como recordó la rabina al finalizar— en la relación con el otro:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
No como una consigna, sino como una tarea concreta, personal y compartida.
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