Doctor en Sociología por la Universidad de Zaragoza y profesor en la Universidad Pontificia Comillas, ha sido secretario general de Cáritas Española y director ejecutivo de la Fundación Foessa, además de ocupar responsabilidades en plataformas estatales de acción social y tener una larga trayectoria en el trabajo con personas en situación de vulnerabilidad.
Sebastián Mora participó el sábado, 21 de febrero, en la Casa de la Cultura Urigain de Andoain, a en una conferencia sobre la “Cohesión social”, organizado por el Movimiento Político por la Unidad, del Movimiento de los Focolares, con el apoyo de la Fundación Igino Giordani y la Fundación OREKI. La mesa de ponentes se completaba con la presencia de yJosé Emilio Lafuente, secretario general de Cáritas Gipuzkoa.
En esta entrevista nos aporta su visión sobre la situación actual y el camino a la Cohesión social.

El 21 de febrero se celebró en San Sebastián la Jornada de Cohesión Social. Queremos entender bien esta expresión “Cohesión social”. ¿Qué es y qué no es?
— La cohesión social es un término, como casi todos los términos en sociología, que puede ser muy plural en su significado, pero yo diría que hay como dos dimensiones básicas.
Una nos llama a una dimensión más descriptiva que habla de una uniformidad, de una jerarquía en la sociedad, de una unidad, donde de alguna forma hay una armonía preestablecida desde una serie de relaciones sociales, relaciones de poder, relaciones de capital simbólico, también a nivel religioso. Claro, este modelo, a veces, a lo que llama es a la uniformidad, a la jerarquía y a la no pluralidad en libertad.
Y hay otro modelo de cohesión que tiene que ver más con cómo podemos vivir juntos en igualdad y en justicia. Y yo creo que, en estos momentos, esa es la dimensión clave de la cohesión. Porque en una sociedad plural, una sociedad donde la diversidad es el día a día, diversidad ideológica, religiosa, de orientación, de género, el cómo podemos vivir juntos desde la igualdad y la justicia y la inclusión social, me parece que es la clave de la cohesión.
Y, en ese sentido, podríamos decir que es, también, la clave desde la Doctrina Social de la Iglesia, de cómo los diversos podemos vivir juntos en igualdad y en inclusión.
Vivimos en una sociedad plural desde muchos puntos de vista. ¿Qué elementos y actitudes habría que favorecer para que esta pluralidad sea motivo de enriquecimiento recíproco y no de contraposición constante?
— Creo que tenemos que ser conscientes que en estos momentos la prioridad la tiene la experiencia. Desarmar todo un entramado comunicativo, digital, en este universo que se llama de la posverdad, donde parece que no se sabe lo que es verdadero o falso, donde nos encontramos que cada vez hay más terraplanistas, en un contexto de avance de la ciencia, creo que la prioridad de la experiencia es básica.
Y potenciar la pluralidad es potenciar los espacios donde los diversos estemos juntos. Y estemos juntos hablando, y estemos juntos bailando, y estemos juntos argumentando, y estemos juntos rezando, estemos juntos comiendo.
Porque no hay nada que transforme la realidad si no es la experiencia. Y creo que lo que faltan son espacios donde encontrarnos, donde encontrarnos los diversos a compartir cosas tremendamente diversas, que vayan desde el deporte pasando por lo religioso e intermediando con la gastronomía
Y creo que cada día hay menos espacios donde realmente compartir estando juntos los diversos. Hay muchos espacios donde estamos mucha gente, y es verdad que cuando nos juntamos mucha gente, nos juntamos mucha gente diversa. Pero no son espacios de compartir, sino son espacios donde estamos los diversos, son espacios comunitarios, espacios asociativos, espacios institucionales, donde los diversos podamos compartir en comunión. Cada uno ponernos en diálogo.
Estamos llamados a saber “leer los signos de los tiempos”. ¿Qué claves nos pueden ayudar a ello? ¿Cómo hacer para que nuestra mirada sobre la realidad sea equilibrada, armoniosa y no sesgada?
— Creo que en la modernidad tenemos una clave para acercarnos a la realidad que, de principio, es falsa. Y es falsa en el siguiente sentido, nos creemos que hay una forma neutra y aséptica de acercarnos a la realidad. Y yo siempre digo que siempre nos acercamos de forma sesgada a la realidad, porque siempre nos acercamos desde lo que somos, desde lo que pensamos, desde lo que creemos.
Es más, yo diría que desde el Evangelio hay una forma sesgada, permitidme el término, de acercarnos a la realidad. Jesús no miraba la realidad neutralmente. Jesús miraba la realidad de la fragilidad, de la pobreza, del herido, de la exclusión y se acercaba a los caminos, porque su mirada no era una mirada neutra, no era una mirada objetiva. Y, es más, la mirada objetiva no va a salvar la realidad.
La mirada objetiva no va a salvar la polarización. Si queremos encontrar en la mirada objetiva de los números, de los datos y de la ciencia, un espacio de encuentro, estamos equivocados, porque los mismos científicos sociales discuten sobre los mismos datos.
Los datos son una construcción social. Y yo creo que lo importante es que seamos claros en decir desde dónde nos acercamos a la realidad, que podamos respetar, reconocer la diversidad de miradas sobre la realidad, y que tengamos la capacidad de consensuar determinados elementos y de disentir sobre otros.
Porque no podemos dejar de ser personas y por el hecho de ser persona en la historia, ya te da un sesgo, te da una aproximación a la realidad.
En una sociedad, especialmente las generaciones más jóvenes, marcada por las redes sociales, la polarización y cierta desconfianza hacia las instituciones, ¿cómo se puede educar en una cohesión que no sea uniformidad, sino convivencia crítica y participativa?
— Creo que a veces pensamos la educación como en un material, en una sustancia que se introyecta en personas y una vez introyectado, las personas van a cambiar. Educación para la participación: pues yo te pongo un cuarto de kilo de participación y vas a participar.
¿Qué protagonismo le damos a los jóvenes para que participen?, ¿qué espacio le damos a los jóvenes para que participen?, ¿qué dinamismo estamos encontrando en las distintas esferas donde nos movemos para que los jóvenes sean protagonistas y no le digamos nosotros que participen, sino que ellos participen desde lo que les preocupa?
Yo creo que hay una clave que nos cuesta mucho, es el dar espacios para que los jóvenes sean jóvenes, y para que los jóvenes participen desde su ser joven. Y lo nuestro, los que somos más mayores, será, como mucho, acompañar esos espacios. Y no se trata de que yo eduque al joven, sino que yo le dé un espacio al joven.
Y eso nos da mucho miedo. Esto es como cuando muchas veces te encuentras con curas y dicen: «Tenemos que enseñar a los laicos que participen». Dale espacio para que participen. A participar se aprende participando. No es un curso, no es un máster, no es una serie de claves, sino es dar un espacio. Y en esa participación, sin duda, se van a equivocar, se van a estrellar, van a girar hacia la derecha, después a la izquierda, después para arriba, después para abajo, porque la participación es un dinamismo vivo y tenemos que tener más confianza en los jóvenes.
Los jóvenes están viviendo una circunstancia muy compleja, pero seguramente una de las circunstancias peores que están viviendo es que no creemos para nada en ellos. Y si tú coges a gente de 60 años y le preguntas por los jóvenes, te dirán muy pocas cosas positivas de ellos, y tienen un camión de cosas positivas, pero, sin embargo, el juicio es tremendamente negativo.
Y entonces decimos, "Eduquemos a los jóvenes". Pero si tienes una mirada tan negativa, qué vas a educar.
Démosle sitio, démosle espacio, acompañemos en su equivocarse, démosle protagonismo porque es lo que hicieron con nosotros para que ahora podamos decir que participamos.
Nos vas a permitir una pregunta un poco más personal. Tienes una trayectoria que está marcada claramente por tu implicación social. ¿De dónde nace esta pasión – podríamos decir – por el hombre, por la justicia…, opción que
entendemos va más allá de algo meramente profesional o académico?
— Cuando yo hago memoria de por qué estoy aquí, en definitiva, es; mi ser creyente ha sido un ser comprometido, y mi ser comprometido ha sido un ser creyente. Y no sabría decir qué es antes, si el huevo o la gallina. No sabría deciros, y además lo he pensado muchas veces, ¿y tú eres creyente y por eso te comprometiste, o te comprometiste y por eso eres creyente? Es que no lo sé, yo no sé dividirlo, o sea no sé hacer una genealogía de mi fe o de mi compromiso si no tengo la cara y el envés, porque siempre fue así.
Y desde ahí yo creo que me he mantenido, desde la convicción creyente que en el compromiso social hay sentido, hay vida, hay significado, y hay una especial manifestación del Dios de Jesucristo. La realidad del compromiso no es simplemente que hago cosas, sino que en ese hacer cosas hay una revelación del Dios de la fragilidad, de la pobreza y de la misericordia.




Muchas gracias por estas reflexiones tan actuales y necesarias.
Estando en mi día a día relación directa con grupos de jóvenes, me parece de destacar la confianza en ellos a la que nos llaman las acertadas palabras de Sebastián Mora, aldabonazo y estímulo para seguir adelante.