Treinta y cinco años después de que Chiara Lubich lanzara en Brasil una propuesta que parecía contracorriente, la Economía de Comunión vuelve a mirar hacia América Latina para preguntarse una cuestión decisiva: ¿cómo regenerar una economía que ha dejado demasiadas heridas abiertas?

La respuesta no llega en forma de un nuevo modelo financiero ni de una teoría económica. Llega desde las personas.
Por eso Argentina ha acogido la celebración internacional del 35.º aniversario bajo un lema tan sugerente como exigente: "Un camino de regeneración". No se trata únicamente de recordar el pasado, sino de experimentar una forma distinta de comprender la economía: una economía capaz de reconstruir relaciones, generar confianza y situar la dignidad humana en el centro.
Mucho más que un aniversario
Desde su nacimiento en 1991, la Economía de Comunión ha demostrado que es posible hacer empresa sin renunciar a la solidaridad, al bien común ni a la rentabilidad.
Hoy, miles de empresarios, trabajadores, investigadores, jóvenes y ciudadanos de todos los continentes forman parte de una red que entiende que el beneficio económico adquiere su verdadero sentido cuando también genera desarrollo humano, inclusión y fraternidad.
Lejos de organizar un congreso tradicional, la celebración de estos 35 años ha querido convertirse en una experiencia transformadora. Durante varios días, cientos de participantes convivieron con comunidades locales de distintos países latinoamericanos antes de reunirse en Buenos Aires para compartir aprendizajes, escuchar las voces de quienes viven situaciones de vulnerabilidad y construir juntos nuevas propuestas para el futuro.
¿Por qué hablar de regeneración?
La palabra "regeneración" no ha sido elegida al azar.
En biología, una herida no sana únicamente gracias a elementos externos. La regeneración comienza desde el propio tejido vivo. Esa misma imagen inspira a la Economía de Comunión.
Las fracturas sociales, la desigualdad creciente, la crisis ambiental o la desconfianza hacia las instituciones no se solucionan únicamente mediante reformas económicas. Necesitan comunidades capaces de reconstruir vínculos, generar confianza y crear espacios donde la cooperación sustituya a la lógica del descarte.
Como explican los organizadores del encuentro, la regeneración nace precisamente allí donde existen las heridas. No consiste en llegar desde fuera con soluciones prefabricadas, sino en caminar junto a quienes viven esas realidades para descubrir nuevas posibilidades desde la comunión.
Una economía que nace del encuentro
Quizá la mayor originalidad de la Economía de Comunión siga siendo la misma que hace tres décadas.
No parte de una ideología económica, sino de una experiencia humana.
Empresarios, trabajadores, personas en situación de pobreza, investigadores, jóvenes y ciudadanos participan juntos en la construcción de respuestas. Todos son protagonistas. Nadie queda reducido a mero beneficiario.
Esta forma de entender la economía rompe con la lógica de la competencia permanente para proponer una cultura basada en la reciprocidad, la confianza y la corresponsabilidad.
En un contexto internacional marcado por la polarización, las guerras, la incertidumbre económica y la crisis climática, esta visión adquiere una actualidad inesperada. Frente a una economía que muchas veces fragmenta, la Economía de Comunión propone volver a conectar personas, empresas y comunidades.
Regenerar también nuestra forma de emprender
Uno de los grandes mensajes del encuentro celebrado en Argentina es que emprender puede ser mucho más que crear una empresa.
Puede convertirse en un acto de transformación social.
Cada proyecto empresarial tiene la capacidad de generar empleo digno, fortalecer comunidades, cuidar el medio ambiente y producir riqueza compartida. La innovación deja entonces de medirse únicamente por la tecnología para comenzar a medirse también por su impacto en las personas.
Este cambio de perspectiva invita a revisar una pregunta esencial: ¿para qué existe una empresa?
La Economía de Comunión responde con claridad: para crear valor económico, sí, pero también para construir relaciones, reducir desigualdades y hacer posible una sociedad más fraterna.
Un mensaje especialmente necesario para nuestro tiempo
Treinta y cinco años después de su nacimiento, la Economía de Comunión continúa siendo una propuesta profundamente actual.
Mientras aumenta la sensación de fragmentación social, crece también la necesidad de iniciativas capaces de reconstruir la confianza.
La regeneración de la que habla la Economía de Comunión no comienza en los mercados financieros. Comienza en las personas. En la forma de consumir, de trabajar, de emprender, de dirigir organizaciones y de relacionarnos con quienes son diferentes.
Porque toda transformación económica duradera necesita, antes que nada, una transformación cultural.
Y esa sigue siendo la gran intuición nacida hace 35 años: que la comunión no es el resultado del desarrollo económico, sino la condición para construir una economía verdaderamente humana.
Hoy, en españa, esta invitación vuelve a resonar con fuerza para el mundo entero: regenerar la economía es posible cuando ponemos en el centro a la persona, la fraternidad y el bien común. Ese camino comenzó hace 35 años. Y, quizás, ahora sea más necesario que nunca.
A continuación os compartimos la entrevista a Elena Bravo, Jesús Laso y Paco Toro en su regreso del evento "Un camino de regeneración".




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